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Quisimos hablar de crisis climática, narramos la guerra y volvimos al inicio a empezar a comprender el territorio

Instituto de estudios ecuatorianos
Miércoles, 20 Mayo 2026

Quisimos hablar de crisis climática, narramos la guerra y volvimos al inicio a empezar a comprender el territorio.

Lo que para el norte global se presenta como una crisis climática, para el sur global es una crisis de la reproducción social debido a que capitales transnacionales requiere desplegar violencia local sobre los territorios en los que los beneficios empresariales se obtienen al arriesgar la capacidad de regeneración ecosistémica. En este contexto de violencia empresarial, múltiples actores exigen mano de obra barata y descartable que ubican en la población joven. De ahí que exista una articulación entre juventudes, guerra y crisis climática.

En América Latina, los jóvenes comprenden los efectos de la crisis, tales como deforestación, contaminación química, pérdida de biodiversidad, expansión extractiva y presión sobre los ecosistemas, desde la lucidez de sus experiencias locales. Esta comprensión de los jóvenes relaciona tres aristas de la crisis climática: afectividades, democracia, y colonialismo. 

La arista más cercana es la de la experiencia afectiva de violencias presentes y de un futuro que está siendo destruido: ubican miedo, angustia, frustración, desgaste. Frente a preguntas sobre cómo te afecta la crisis climática, los jóvenes en la región responden “salud mental” (Aránguiz y Sannazzaro 2023, 11). En simultáneo con dilataciones de respuestas reales para trasformaciones de justicia climática en el presente, lo que conecta con la siguiente arista.   

La segunda arista tiene que ver con lo contradictoria que resulta la experiencia de la democracia, en tanto disputa de justicia socioambiental que en el mundo ha sido frenada y empobrecida desde la alianza burocrático-empresarial, hasta hoy en día fuertemente impugnada por capitales transnacionales que buscan subordinar a los estados e imponer un régimen global basado en la fuerza militar y la obediencia de los países con los recursos naturales y la mano de obra para sus negocios. La demanda de los jóvenes en ese sentido sigue siendo general y se nombra como “(…) políticas públicas centradas en esta problemática” (Aránguiz y Sannazzaro 2023, 13), por la dinámica de una política pública favorable a intereses económicos que dificulta acciones concretas y locales. 

La tercera arista está relacionada a la experiencia colonial sobre los cuerpos, los saberes, la lengua y la cultura, con preocupación de los jóvenes por la “extinción de prácticas culturales” (Aránguiz y Sannazzaro 2023, 11). Esta reflexión de los jóvenes por la que sale a la luz la herencia colonial y la nada casual explotación de los territorios latinoamericanos como enclaves de las economías financiero-extractivas. Desde la experiencia de los jóvenes, una forma de colonización de la diversidad de ser y existir como actor con la potencia de transformar su realidad es el adultocentrismo. La tradición adultocéntrica legitima la exclusión de los jóvenes de los espacios de deliberación y decisión de las políticas que les afectan y de la consecuente desconfianza y distanciamiento hacia estas instancias.     

Lo que para el mundo es una crisis ambiental, para el sur global es la actualización de formas anteriores de despojo. En América Latina, la deforestación, contaminación de fuentes de agua y suelos, expansión extractiva y presión de los ecosistemas, se ha transformado rápidamente por la conversión de los territorios en enclaves productores y centros logísticos de plataformas transnacionales con negocios en el narcotráfico, la explotación legal-ilegal de minerales y el blanqueamiento de capitales. 

Así, la crisis ambiental en el Ecuador toma el rostro de infancias, adolescencias y juventudes quienes enfrentan elecciones de futuro estrechadas entre el trabajo precarizado y peligroso en haciendas y plantaciones de monocultivos (tanto legales como ilegales) con uso de agrotóxicos, la migración a las ciudades o fuera de los países de origen, la afiliación a las filas más bajas y descartables de redes locales con conexiones internacionales de capitales de procedencias muchas veces opacas.   

Además, la subordinación de los territorios para el despojo se apalanca en mecanismos de mano dura sobre las poblaciones. Este correlato de la crisis climática y social ha calado progresivamente en países de la región como Argentina, Chile, El Salvador y Honduras. En Ecuador el proceso se acuñó con la paulatina militarización del conflicto social que inició en las cárceles, abarrotadas de varones jóvenes, y hoy se extiende a las calles bajo la declaración de conflicto armado interno, el uso de los estados de excepción como cortinas para el trato discrecional y excesivo de la fuerza contra población civil. De manera más reciente el anuncio de operaciones militares conjuntas entre Ecuador y los Estados Unidos refuerza la distancia efectiva entre las capacidades de incidencia de los jóvenes en la política pública que los afecta. 

Los resultados para los jóvenes en el Ecuador es el riesgo doble de ser asesinado por su condición de juventud (Cevallos Tejada 2026), con “un adolescente (…) asesinado cada 14 horas en 2026” (Prensa Latina 2026, 28 de abril). Sin embargo, no cualquier joven vive este riesgo, es selectivo y orientado a jóvenes racializados y de sectores populares, principalmente de las provincias más desiguales como Esmeraldas, Sucumbíos, Orellana, que superan el promedio nacional de desigualdad, y otras como el Oro, Manabí, Guayas, Los Ríos que apenas están por debajo del promedio nacional pero igualmente marcadas por una alta concentración de la riqueza en pocas manos (Cevallos Tejada 2026; INEC 2025).   

Las plantaciones de monocultivo, la agroindustria y la industria extractiva avanzan en un ambiente de impunidad institucional frente al despojo y las violencias. El despojo se apalanca en dinámicas de violencia impune, como el cercamiento armado de barrios y comunidades, asesinato selectivo de dirigentes y jóvenes que rompen el tejido social. Las dinámicas mencionadas anteriormente abren cancha al control de emprendedores de la violencia de cara estatal y corporativa sobre los territorios. 

En ese contexto de violencia para el despojo, la posición de juventud frente al adultocentrismo muestra lo pegajosos que son los afectos y su facultad de conectar tradiciones de proximidad y distancia de los jóvenes con la sociedad. Las juventudes ocupan una posición particularmente sensible porque heredan territorios degradados, futuros estrechados y economías cada vez más violentas, sin la posibilidad de participación sustantiva en las decisiones políticas, económicas, ecológicas y militares que los afectan. Mientras, son involucrados de modo subordinado en la generación de una riqueza basada en el despojo ecológico y social.   

De modo que las respuestas organizativas para cambiar las circunstancias de despojo ecológico y social en los territorios enseñan modos de transformar afectos que en horizontal apropian y reinventan la tolerancia social a la exposición diferencial de los ecosistemas y cuerpos racializados o juveniles a la explotación y las violencias.   

Organizaciones campesinas que apuestan a la agroecología se pliegan a la conservación ecológica en alianza intergeneracionales entre juventudes con guardianas y guardianes de conocimientos territoriales sobre los suelos, la producción limpia, las semillas y los ciclos ecológicos. Estas experiencias no se limitan a producir alimentos sin químicos y conservar el ecosistema, sino a leer el territorio para impugnar violencias y despojos, y simultáneamente sostener el tejido comunitario. Desde allí, la crisis climática no es entendida únicamente como problema ambiental global, sino como amenaza concreta a las condiciones que hacen posible vivir con alegría, dignidad y autonomía en los territorios. La defensa agroecológica aparece vinculada a la posibilidad de heredar a las futuras generaciones territorios habitables, con trabajo digno, economías propias y formas de vida culturalmente apropiadas que permitan seguir reproduciendo vínculos comunitarios y locales modos de existencia. 

  

Bibliografía

Aránguiz, P., & Sannazzaro, J. (2024). Crisis ecológica global y educación desde la perspectiva de las juventudes. Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales, Niñez y Juventud, 22(1), 1-22. https://doi.org/10.11600/rlcsnj.22.1.5797

Cevallos Tejada, Francisco, ed. 2026. Estudio situacional No. 1. Impacto de la violencia delincuencial, crimen organizado y conflicto armado en la vida de niñas, niños, adolescentes y jóvenes: indicadores históricos y situación actual en Ecuador 2014–2025. 2.ª ed. Quito: Observatorio de Niñez, Adolescencia y Juventud. https://observatorionajec.org/wp-content/uploads/2026/02/Estudio-situacional-1-2da.edicion.pdf.

INEC. 2025. Principales resultados de la Encuesta Nacional de Empleo, Desempleo y Subempleo – Anual. INEC. 

Prensa Latina. 2026, 28 de abril. Un adolescente en Ecuador asesinado cada 14 horas en 2026. Prensa Latina. https://www.prensa-latina.cu/2026/04/28/un-adolescente-en-ecuador-asesinado-cada-14-horas-en-2026/